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Tercer militarismo (Perú)

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El fin del oncenio trajo consigo un periodo de crisis política, económica y social, así como también la irrupción de los militares al gobierno, fenómeno que Basadre ha denominado el Tercer Militarismo,[1] también conocido como los regímenes fascistas,[2] el cual surgió a consecuencia del vacío político (al estar los partidos tradicionales debilitados o en trance de extinción) y ante los peligros que acechaban al Estado como consecuencia de la crisis mundial,[3] este contexto sociopolítico cargado de confrontaciones y conflictos que pusieron en grave riesgo el orden nacional la oligarquía, al ya no poder acceder directamente al poder, se vio obligada a buscar una alianza con los militares que tomaron una postura abiertamente antidemocrática populista y dictatorial. Otro fenómeno descollante durante este período fue el surgimiento de movimientos falangistas como el nacionalsindicalista, el nacionalcatolicista y el fascismo clerical, así como también el comienzo de la irrupción de las masas organizadas en la política y el crecimiento de las clases medias.[4] Además, el Estado asumió un carácter abiertamente fascista que, mediante una extremista tercera posición, se impuso en la sociedad, de modo que fue estrictamente anticomunista y el cual propagó una fuerte discriminación hacia las poblaciones minoritarias y expreso un fuerte racismo respaldado por el criollo centrismo y una desmesurada xenofobia contra los pueblos minoritarios especialmente contra los emigrantes asiáticos, además el Estado se formó en torno a la intolerante confrontación y destrucción de sus principales enemigos políticos (el APRA y el Partido Comunista Peruano) y asumió el totalitarismo, el autoritarismo, el corporativismo, el militarismo y el ultranacionalismo, así como también el dirigismo y la economía fascista para solventar la crisis nacional.[5]

Aspecto Político[editar | editar código]

Sánchez Cerro en el día de la juramentación como presidente de la Junta de Gobierno de 1930.
Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Heysen, un día después de la liberación del primero el 11 de agosto de 1933.

Los militares del tercer militarismo: Eran caudillos que asumieron el poder ante la crisis nacional como consecuencia del Crac del 29, sin embargo estos establecieron una alianza con la oligarquía agro exportadora, pero aplicaron medidas fascistas, autoritarias, totalitarias y xenófobas para establecer el orden público y para legitimar su poder aplicaron medidas populistas y corporativistas, además de formar un estado Estado policial. Entre las medidas llevadas acabo por el gobierno o las reformas estructurales e ideológicas formadas o establecidas en el ámbito político del Perú entre 1930 y 1939 destacan las siguientes:

  • Este periodo Constituyó el fin de los partidos políticos tradicionales:

La vertical omnipresencia social y organizacional y el corporativismo de la Unión Revolucionaria que consideraba que la comunidad peruana era un organismo funcionalista. Además, influían en sus militantes la preeminencia ideológica, dogmática, intolerante y también excluyente que a su vez legitima a la estructura dominante en el poder y la distinción funcional y excluyente del partido único.[6]

La represión contra los miembros del APRA y del Partido Comunista Peruano por parte del Estado que ejerció una alianza entre los militares y la oligarquía agro exportadora.[6]

Otro aspecto importante de la Unión Revolucionaria era la importancia de la movilización masiva para ejercer el populismo derivada de la fuerza y amplitud del partido único, así como también el liderazgo incuestionable del líder frente a la estructura social funcionalista y en cuanto al vértice piramidal bien jerarquizado y el accionar del poder y el miedo derivado de la coerción institucionalizada.[6]

Aspecto Económico[editar | editar código]

La Misión Kemmerer en Perú.
Estadísticas económicas del Perú entre (1930-1939).

Estados Unidos se erigió como la primera potencia mundial tras el final de la primera guerra mundial, ya que no se produjo ningún combate en sus tierras y durante el período de entreguerras comenzó una creciente demanda de una europa posguerra que facilitó una impresionante expansión de la producción en todos los ámbitos.

Durante el Oncenio (1919-1930) el Perú, al igual que todos los demás países de América del Sur, se había convertido un país sumamente dependiente de la economía estadounidense hasta el punto elevar notablemente el porcentaje de la deuda externa, esto debido a que el presidente Augusto Leguía tenía la intensión de modernizar el país para formar una Patria Nueva y no solo en el aspecto social sino también en el económico, el presidente Leguía, quien era un fiel admirador de la cultura estadounidense decidió construir numerosas carreteras y edificios, con el objetivo de aumentar el área urbana, para ello emprendió un gigantesco programa de obras públicas que fue financiado con empréstitos de Estados Unidos.

Sin embargo tras el Crac del 29 y el origen de la Gran Depresión comenzó una crisis económica mundial que afecto severamente al Perú y que fue la principal responsable del final del Oncenio, el Estado tuvo que soportar una inmensa y creciente bancarrota fiscal. Los Estados Unidos cerró sus fronteras, lo que produjo una gran caída del comercio internacional (base de la economía latinoamericana). Durante estos años, al caer las posibilidades de exportar productos, se produjo un descenso de las importaciones pues necesitaban más cantidades de cobre, de azúcar o de lana, para comprar otros mismos productos. Ante esto el nuevo presidente Sánchez Cerro decidió contratar a la Misión Kemmerer que era una comisión de expertos que hizo propuestas de reformas fiscales y monetarias en varios gobiernos, principalmente en Latinoamérica. El dirigente de esta misión fue el profesor Edwin Kemmerer que liberaba un grupo de expertos financistas estadounidenses.

La escasez de productos y la inflación eran inmensas y estas de manifestaron con el desarrollo de huelgas y paros laborales se se realizaron durante toda década de 1930. Ante esto Edwin Kemmerer que decidió apoyar medidas como las que John Maynard Keynes realizaba (New Deal), sugirió la aplicación de una serie de políticas económicas, pero solo se acogieron unas cuantas, como la Ley de Bancos y la reestructuración del Banco Central de Reserva. Otra también importante fue el reemplazo de la Libra peruana por el Sol como moneda nacional. De esta manera se aplicaron las primeras reformas que permitieron el reajuste monetario que el Perú requería con urgencia pero aumentaron el poder Intervencionismo|intervencionista del estado.

Durante el segundo gobierno de Óscar R. Benavides los economistas ya se habían dado cuenta que el liberalismo clásico, que promulgaba la autorregulación de la economía únicamente bajo la ley de Oferta y demanda sin ninguna intervención del estado, tenía muchos problemas y el liberalismo conservador tampoco estuvo exento de críticas. Ante esto la oligarquía opto por un conservadurismo liberal, ya que creían que era necesario un estado fuerte para garantizar la ley y el orden, Así como también la estabilidad económica. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial aumentaron las exportaciones, pero en menor medida. Ningún país latinoamericano participó en las guerras mundiales, pero las consecuencias fueron catastróficas para su economía en general y el Perú como el resto de los países sufrió el cierre de las fronteras.

Aspecto Social[editar | editar código]

Propaganda xenófoba del partido Unión Revolucionaria contra los inmigrantes asiáticos.
Clausura del periódico Ahora, del que era dueño Luis Antonio Eguiguren, por la fuerza pública el 14 de agosto de 1934.

El aspecto social durante los regímenes fascistas estuvo caracterizado por la violencia nacional, por la poca tolerancia a los sectores minoritarios y por la gran represión, por parte del gobierno, contra los apristas y comunistas muchos de los cueles fueron perseguidos, torturados, encarcelados e incluso hasta fusilados y en represalia, estos respondieron con actos violentos y hasta subversivos. También existió un control excesivo hacia la prensa escrita y se eliminaron varios derechos humanos con el fin de tener un mayor control sobre toda la población.[6]

El aspecto más representativo de la poca tolerancia hacia los extranjeros y la gran campaña xenófoba que se gestó durante la década de 1930 estuvo liderada por el mismo presidente del consejo de ministros, Luis A. Flores quien, tras el magnicidio de Sánchez Cerro en 1933, asumió la dirección del partido Unión Revolucionaria y lo convirtió completamente en un partido fascista.[6]

El partido Unión Revolucionaria presento una serie de particularidades que permitió la difusión ideológica del fascismo, la promoción del corporativismo, la inmensa represión contra el APRA y el Comunismo, así como también la campaña xenofóbica y racista contra la inmigración asiática. Entre las más importantes se encuentran la formación de una propia fracción de milicia adscritos como la legión de camisas negras quienes cumplían rigurosamente todas las ordenes establecidas debido a su férrea disciplina fundamentalista y que aseguraba defendía el organismo funcionalista y el poder de Luis Alberto Flores. Así como también la campaña de censura y represión contra sus principales opositores. Además esta milicia mantenía una fuerte relación con el sistema religioso que le ayudaba a ganar una mayor cantidad de adeptos. Pero, fue la prensa escrita la que propago y estableció esta nueva estructura autoritaria y totalitaria entre todos los miembros de la población. A través, de sus periódicos orgánicos y bien estructurados: Acción (1933-1936), Crisol (1934), Legionario (1935), UR (1936) y La Batalla (1936). La unión revolucionaria impulsó tanto en Lima como en el interior del país, toda una intensa campaña de agitación política. Estos periódicos reforzaban el sacrificio por la nación y el culto al líder en este caso a favor de la imagen de Luis Alberto Flores, así como también reforzaban el sentimiento ultranacionalista, racista y xenofóbico en especial contra los migrantes chinos y japoneses. El estado autoritario y corporativista que pretendía formar la Unión Revolucionaria se basa en la concentración del poder en ese único partido y la diversificación de los roles sociales en torno a ese único espectro hegemónico. Era fundamental la eliminación de aquellas organizaciones políticas tradicionales así como también la destrucción de cualquier forma de diversificación que podía atentar contra su proyecto totalitario.[6]

Resumen del Tercer Militarismo[editar | editar código]

Gobierno provisional de Ponce Brousset[editar | editar código]

Manuel María Ponce Brousset, Presidente de la Junta Militar de Gobierno (1930).

Tras la renuncia de Augusto Leguía, el poder quedó en manos de una provisional Junta Militar de Gobierno presidida por el general Manuel María Ponce Brousset. Pero éste no contaba con popularidad. La ciudadanía se inclinó por el caudillo de Arequipa, el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, el levantamiento de Sánchez Cerro fue uno de varios que se dieron en todo el país; sin embargo, fue elegido por los insurrectos para que asumiera la dirección del país debido a que este acontecimiento fue el que ganó mayor popularidad. El 27 de agosto de 1930 el comandante Sánchez Cerro arribó en avión a Lima, siendo recibido apoteósicamente. La Junta Militar de Ponce Brousset fue disuelta y se instaló otra, presidida por Sánchez Cerro. En el acto se produjeron en Lima grandes manifestaciones populares ante la crisis económica mundial.[7]

Gobierno provisional de Sánchez Cerro[editar | editar código]

Luis Miguel Sánchez Cerro, Presidente de la Junta de Gobierno (1930-1931).

Cuando, Luis Miguel Sánchez Cerro, constituyó la nueva Junta Militar de Gobierno la situación del país era crítica; se produjeron disturbios obreros, universitarios y militares. Sánchez Cerro dictó una serie de medidas autoritarias, como la creación del Tribunal de Sanción Nacional para juzgar los casos de enriquecimiento ilícito durante el Oncenio, pero solo con la palabra de la prensa varios fueron encarcelados, la derogación de la ley de conscripción vial, el matrimonio civil obligatorio y la disolución de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), de inspiración comunista. El 12 de noviembre de 1930 el gobierno realiza la masacre de Malpaso, en la Oroya, en la cual asesinan a 34 trabajadores mineros.[8] Por otra parte, para remediar la crisis económica Sánchez Cerro contrató la (Misión Kemmerer) compuesta por expertos financistas estadounidenses, encabezada por el profesor Edwin Kemmerer, que sugirieron la aplicación de una serie de medidas, de las que solo se acogieron parcialmente unas cuantas, como la Ley de Bancos y la reestructuración del Banco Central de Reserva, para así lograr el reajuste monetario que el Perú requería con urgencia. Ante la muerte de José Carlos Mariátegui el Partido Socialista Peruano cambio su denominación a Partido Comunista Peruano y el APRA se fortaleció en la izquierda política.

Luis Miguel Sánchez Cerro y su gabinete de gobierno, 1931.

Sánchez Cerro prometió convocar a elecciones, pero cometió el error de querer postular a la presidencia estando en el poder. El 20 de febrero de 1931 estalló una rebelión de un grupo de oficiales del Ejército y miembros de la Policía en la Fortaleza del Real Felipe en el Callao. La rebelión, que estuvo comandada por el general Pedro Pablo Martínez, esta sublevación fracaso, pero fue una señal del descontento hacia el régimen, luego una nueva rebelión que estalló en Arequipa y Sánchez Cerro se vio obligado a dimitir el 1 de marzo de 1931 e interinamente asumió el poder el jefe de la iglesia católica peruana, el monseñor Mariano Holguín.

Gobierno provisional de Mariano Holguín[editar | editar código]

Mariano Holguín, Presidente de la Asamblea de Notables (1931).

Mariano Holguín quien había sido designado como Administrador Apostólico de la arquidiócesis de Lima, ante a la renuncia del arzobispo Emilio Lissón y había ejercido dicho cargo asesorado por José de la Riva Agüero y Osma asumió por unas horas, la presidencia de la república dirigiendo la junta de notables nacionalcatolicistas y esta inmediatamente le dio pase a una Junta Transitoria de gobierno presidida por el presidente de la Corte Suprema de Justicia.

Gobierno provisional de Leoncio Elías[editar | editar código]

Ricardo Leoncio Elías Arias, Presidente de la Junta Provisoria (1931).

Dentro de la Junta Transitoria de Ricardo Leoncio Elías también formaban parte el jefe de estado mayor del Ejército, coronel Manuel A. Ruíz Bravo, y el comandante general de la escuadra, Alejandro G. Vinces. Arequipa y el sur peruano se negaron a reconocer la junta transitoria; en esa zona, el caudillo popular era David Samanez Ocampo. Tampoco el teniente coronel Gustavo Jiménez (que había sido enviado al sur para reprimir a los rebeldes) quiso acatar la autoridad de Elías y decidió retornar a Lima por vía marítima para evitar las múltiples protestas que se desarrollaban en varias ciudades del Perú. El 4 de marzo de 1931, Leoncio Elías convocó en Palacio de Gobierno una reunión de ciudadanos distinguidos, con quienes acordó entregar el mando a David Samanez Ocampo debido a que este caudillo gozaba de popularidad. Pero, al día siguiente el coronel Gustavo Jiménez desembarcó con sus tropas en el Callao, se dirigió a Palacio de gobierno y le ordenó a Elías a que abandonara dicho lugar, ante la negativa Gustavo Jiménez con el apoyo de la Guardia Republicana del Perú lo obligó a renunciar a su favor y acto seguido conformó otra Junta Transitoria presidida por él mismo el 5 de marzo de 1931.

Gobierno provisional de Gustavo Jiménez[editar | editar código]

Gustavo Jiménez, Presidente de la Junta Transitoria de Gobierno (1931).

Gustavo Jiménez no tenia de apoyo la presión popular, los revolucionarios de Arequipa no acataron la Junta de Jiménez y obligaron a este a transigir. Luego de dos días de conversaciones se acordó instalar en Lima una nueva Junta Nacional de Gobierno, constituida con elementos representativos de las diversas regiones del país, con la presidencia del viejo líder apurimeño David Samanez Ocampo como presidente de una Junta Nacional de Gobierno, con representación de todo el país, Gustavo Jiménez renunció a la presidencia y le entregó el mando a Samanez Ocampo el 11 de marzo de 1931.

Gobierno provisional de Samanez Ocampo[editar | editar código]

David Samanez Ocampo, Presidente de la Junta de Gobierno (1931).

David Samanez Ocampo, al mando del congreso Constituyente, pacificó momentáneamente al país y creó un nuevo Estatuto electoral, preparado por una comisión especial que funcionó en la Biblioteca de la Universidad de San Marcos y en la que participaron jóvenes personalidades como (César Antonio Ugarte, Alberto Arca Parró, José Antonio Encinas, Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre Grohmann y Luis Alberto Sánchez) y creó el Jurado Nacional de Elecciones, quedaron exceptuados de ser votantes los curas, los militares, los varones menores de 21 años, las mujeres de todas las edades y los analfabetos. Los partidarios de Leguía fueron prohibidos de ser candidatos. Por otra parte, Samanez Ocampo tuvo que afrontar numerosas revueltas y sublevaciones en el Cuzco encabezadas por el comandante Aurelio García Godos las cuales fueron reprimidas violentamente. Tras las reformas convocó a elecciones para nuevos representantes de la asamblea constituyente. Las elecciones presidenciales de 1931 se realizaron el 11 de octubre y fueron las primeras elecciones modernas de la historia peruana. El 30 de julio de 1931 el general Luis Miguel Sánchez Cerro fundo la Unión Revolucionaria (Partido ultranacionalista de tendencia fascista y de extrema derecha aunque con miembros de tercera posición)[9][10] este nuevo partido hizo campaña desde las iglesias. Por otro lado, Víctor Raúl Haya de la Torre, del APRA hizo su campaña en las llamadas casas del pueblo, pero Sánchez Cerro, auroleado por ser el caudillo que derrocó a Leguía, triunfó en las urnas.

Una de las mesas encargadas de la recolección de votos, en Lima.

Los apristas rechazaron el resultado de los comicios, alegando maniobras irregulares e inclusive que hubo Fraude electoral para arrebatarles votos y comenzaron a realizar protestas en diversas ciudades del norte del Perú, sin embargo el presidente Samanez Ocampo se mantuvo firme en hacer respetar la voluntad popular.[11] El Norte del Perú apoyo a Víctor Raúl Haya de la Torre mientras que el sur del Perú apoyo a Luis Miguel Sánchez Cerro, de esta manera el país quedó dividido con el germen de la guerra civil.

Gobierno de Sánchez Cerro[editar | editar código]

Luis Miguel Sánchez Cerro, Presidente Constitucional de la República (1931-1933).

Luis Miguel Sánchez Cerro asumió como presidente constitucional el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo día el Congreso se planteó la misión de formar una nueva constitución para el país. El nuevo gobierno, que contaba con mayoría parlamentaria, fue abiertamente fascista. Los pocos diputados apristas elegidos tomaron posesión de sus escaños y conformaron en una combativa minoría opositora. La oposición del aprismo al gobierno sanchecerrista se tornó extremadamente exacerbada, desde la autonomía y recelo inicial el presidente Sánchez Cerro logra construir vínculos recíprocos de poder y cuyo punto esencial se basaba en el rechazo frontal al APRA.[12] Para Sánchez Cerro la política era una suerte de guerra, y de ninguna manera una competencia democrática, que inevitablemente lo condujo a aquella propuesta de estado totalitario,[13] por esos años menudearon los atentados, las revueltas y los actos terroristas por parte del APRA, así como también las Huelgas xenófobas y ultranacionalistas, el Congreso aprueba leyes severas contra los opositores, entre ellas una llamada Ley de Emergencia, que le dio al gobierno poderes especiales para reprimir y asesinar a los subversivos, en especial a los apristas, aunque también a los comunistas e inclusive el mismo día que se aprueba, el 28 de diciembre, la policía ingresa disparando al Congreso, desafora y deporta a los 23 diputados apristas. En 1932 ocurrieron una serie de sucesos sangrientos provocados por los apristas, como el incendio del (Hospital Naval del Callao) en donde encontraba Augusto Leguía, el expresidente pudo salvarse de dicho atentado pero falleció de bronconeumonía el 6 de febrero de 1932. El 6 de marzo, cuando el presidente Sánchez Cerro salia de la iglesia frente al parque Central de Miraflores, en Lima, el jóven aprista José Melgar Márquez[14] le dispara con un revólver y le perfora un pulmón, inmediatamente el Ejército captura a José Melgar.[15]

Tropas ocupando una trinchera en el barrio de "Mansiche" durante la revolución aprista de Trujillo de 1932.

El 7 de marzo se aprueba la Ley marcial que le permitía a la policía disparar si se reunían más de 4 personas en la calle, autorizaba el fusilamiento inmediato y suprimía varios derechos humanos. El 6 de mayo se sublevan los buques de la Armada Naval del Perú Almirante Grau y Bolognesi. El presidente Sánchez Cerro los manda a atacar con submarinos. Luego de sofocar severamente la rebelión los sublevados son capturados y ocho marineros son fusilados en la isla San Lorenzo. El 7 de julio de 1932 se realiza la Revolución Aprista de Trujillo, así mismo Huaraz y Cajamarca también se revelan contra el autoritario régimen y se arma una guerra civil, en Trujillo guerrilleros del APRA liderados por el “Búfalo” Barreto asaltaron varias bases militares a las dos de la madrugada, y tras estar más de tres horas luchando contra el Ejército en una batalla campal que dejó varios muertos de ambos bandos los apristas sublevados tomaron el cuartel O’Donovan[16] y masacraron a los oficiales prisioneros, en represalia el gobierno realizó un bombardeo aéreo sobre Trujillo y el 27 de julio el ejército fusiló a un número indeterminado de ciudadanos en las ruinas de Chan Chan que desde entonces fueron considerados como los “mártires del aprismo”. La revolución acabo con la vida de muchos ciudadanos, por lo que se conoce a 1932 como el «año de la barbarie».[17] Luego de dichos hechos el gobierno declaró ilegal al APRA, la UNMSM fue cerrada y Víctor Raúl Haya de la Torre fue encarcelado. Al año siguiente estalló una sublevación militar en Cajamarca liderada por Gustavo Jiménez pero al ser vencido en Paiján se suicidio disparándose un tiro en la cabeza. Por otro lado, entre las obras más importantes del gobierno se encuentran, el otorgamiento a los obreros de vacaciones y el descanso remunerado por el día del trabajo, la creación de los restaurantes populares, el equipamiento de las Fuerzas Armadas, la continuación de la carretera central y la promulgación de la Constitución de 1933 que proscribía a todo partido internacional como el APRA de participar en elecciones basándose en que la nación se encontraba en peligro. Esta fue aprobada por el Congreso que lideraba Clemente J. Revilla tras la renuncia de Luis Antonio Eguiguren quien había recibido varias amenazas de muerte y se había refugiado en la embajada de Chile.[18] Sánchez Cerro declaró inicialmente su intención de respetar los tratados firmados por sus antecesores, pero cuando ocurrió el incidente de Leticia, un grupo de ciudadanos peruanos capturaron el puerto de Leticia, que el Perú había cedido hacía pocos años a Colombia, según lo acordado en el Tratado Salomón-Lozano, presionado por la opinión pública, Sánchez Cerro se vio obligado a respaldar a los patriotas peruanos de Leticia, que querían que su territorio volviera al Perú y le declaró la Guerra a Colombia.

Dibujo de Luis A. Flores en la portada de la revista fascista del partido Unión Revolucionaria que representa el autoritarismo y totalitarismo que regía el país en la década de 1930.

El 13 de febrero de 1933 se libra el combate de Nuevo Tarapacá en el que se desata una guerra aérea sobre el río Putumayo, con múltiples bombardeos sobre Leticia, además en isla Chavaco se desatan numerosas guerrillas y se realizan sangrientas batallas como el combate de Güeppí, luego se realizan múltiples escaramuzas con victorias de ambos ejércitos como el combate de Calderón, el enfrentamiento de Yabuyanos, el combate de Río Algodón y el enfrentamiento en la Zoila. El 30 de abril de 1933, estando precisamente Sánchez Cerro en el Hipódromo de Santa Beatriz pasando revista a los 30.000 soldados que se iban a movilizar fue víctima de un atentado, un individuo, llamado Abelardo González Leiva se le acercó y le disparó varios tiros, que le cegaron la vida.[19]

Segundo gobierno de Oscar Benavides[editar | editar código]

Óscar Benavides, Presidente de la República investido por el Congreso (1933-1939).

El mismo día que asesinaron a Sánchez Cerro el Congreso, violando la nueva constitución, por ordenes de Clemente J. Revilla, nombró como presidente de la República al general Oscar Benavides, para que completara el período del difunto presidente, o sea hasta 1936, luego se supo que el magnicida se había afiliado al partido aprista años antes y que su hermano había sido fusilado en las ruinas de Chan Chan por tropas del Ejercito durante la revolución aprista de Trujillo en el año 1932, pero nunca se pudo comprobar si actúo solo o formó parte de un complot.

El general Óscar R. Benavides y su gabinete ministerial. Lima, 1933.

El político Luis A. Flores, asumió el liderazgo de la Unión Revolucionaria, y orientó a este partido hacia el fascismo de estilo italiano, adoptando la camisa negra, el saludo con el brazo en alto y una política extremadamente intolerante frente al APRA y frete al Partido Comunista Peruano. Por otra parte, Óscar Benavides buscó el fin de la guerra colombo-peruana, el presidente era amigo del electo presidente colombiano Alfonso López Pumarejo y se reunió con él 15 días en la ciudad de Lima, tras una larga negociación por el intermediario de una comisión de la Sociedad de Naciones el Perú aceptó respetar el Tratado Salomón-Lozano cediendo el trapecio amazónico y le permitió a Colombia tener una salida al río Amazonas mientras que Colombia entregó al Perú la guarnición de Güeppí y la isla Chavaco de esta manera se llegó a un acuerdo de paz en mayo de 1934, pero dicha medida no fue bien recibida por la prensa ultranacionalista que considero a Benavides como un traidor y comenzó a conspirar contra el nuevo régimen dictatorial. Por otra parte, la Unión Revolucionaria formó su propia milicia multitudinaria y disciplinada que adoptaron el saludo fascista y creó sus propios órganos de prensa escrita desde los cuales criticaban cruelmente a los inmigrantes asiáticos. El régimen autoritario de Benavides también mostró sus simpatías por el fascismo, llegando a contratar en 1935 una "misión policial italiana" destinada a reorganizar la policía de investigaciones de Perú. En el aspecto interno, Benavides se alió con la Oligarquía nacional que controlaba la agroexportacion, la banca las finanzas, el petróleo la minería y los pequeños y medianos sectores industriales y dio la Ley de Amnistía General, el 9 de agosto de 1933, que favoreció a los apristas, Haya de la Torre fue puesto en libertad y se permitió el retorno de los desterrados políticos, también se abrió nuevamente la UNMSM que Sánchez Cerro había cerrado, pero al poco tiempo surgieron nuevas protestas sociales y tras un intento revolucionario del APRA en Lima, la llamada conspiración de el agustino, se reinició la persecución antiaprista. El APRA respondió con actos terroristas en todo el país y el 15 de mayo de 1935 en la Plaza San Martín ocurrió el asesinato del director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y el de su esposa, a manos del militante aprista llamado Carlos Steer Lafont este hecho recrudeció nuevamente la represión antiaprista. Tanto el APRA como el Partido Comunista Peruano fueron nuevamente proscritos según ley por ser partidos “internacionales”.

Luis A. Flores, como líder de la Unión Revolucionaria, adoptó el ideario, la indumentaria y los gestos del fascismo mussoliniano. En la imagen, con traje negro y haciendo el típico Saludo fascista.

Luis A. Flores comenzó a preparar un plan para acceder al poder aliándose con la Oligarquía pero solo tácticamente porque su objetivo primordial era formar un estado Totalitario y corporativista. Otro aspecto importante de la Unión Revolucionaria de Luis Alberto Flores fue su la importancia de la movilización masiva, derivada de la fuerza y amplitud del partido único y su rechazo al pluralismo político, ya que de esta manera era mucho más fácil controlar a la población civil la cual había aprovechado la gran Depresión para alzarse en voz de protesta llegando inclusive a ocasionar actos vandálicos y hasta subversivos. Cuando el período de Sánchez Cerro debía haber culminado. Benavides convocó las elecciones generales de Perú de 1936 en las que el candidato favorito era líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre, pese a estar en la clandestinidad, pero faltando veinte días para los comicios, el Jurado Nacional de Elecciones tachó la inscripción del APRA, por considerar que dicho partido era una organización internacional, y como tal, inhabilitada constitucionalmente. El candidato independiente Luis Antonio Eguiguren ganó rápido arrastre popular; pero las elecciones fueron anuladas por el Jurado Nacional de Elecciones, con el argumento de que los votos de los apristas favorecían a Eguiguren, y por tanto, eran ilegales por provenir de un partido proscrito. Ante ello los militantes de la Unión Revolucionaria intentaron una revuelta contra el gobierno con apoyo de algunos oficiales jóvenes del ejército; esta conspiración fue descubierta y el Benavides respondió con una dura persecución, equiparando a los líderes "urristas" con el resto de la oposición. De esta manera la Unión Revolucionaria paso a la clandestinidad y desde allí comenzó a asesinar a miembros del estado y a emigrantes chinos y japoneses, Luis Alberto Flores y otros dirigentes de la Unión Revolucionaria fueron deportados a Chile y otros miembros destacados del movimiento fueron encarcelados. El Congreso, decidió que Benavides extendiera su mandato por tres años más, hasta 1939, y por añadidura le cedió la facultad de legislar. Acto seguido, el presidente disolvió el Congreso y asumió el poder absoluto como dictador. Bajo el lema de (Orden, Paz y Progreso), Benavides gobernó apoyado por la alta finanza y las Fuerzas Armadas. Logró superar la crisis económica, mejoró notablemente el aspecto financiero, especialmente en lo relacionado con la banca y la captación de impuestos, aplicándose algunos proyectos que había dejado la (Misión Kemmerer). El país comenzó a entrar gradualmente a un período de prosperidad debido a las exportaciones, especialmente agrícolas, pero se censuro la prensa y las libertades individuales, se promulgó el código civil de 1936, se aprobó la ley que permitió los divorcios, se creó el ministerio de Salud Pública, Trabajo y Asistencia Social y el Ministerio de Educación Pública, se fomentó el turismo. También, aplicaron medidas populistas, se realizaron grandes obras de modernización en la capital, como la construcción de las nuevas sedes del poder ejecutivo Palacio de Gobierno, legislativo Palacio Legislativo y judicial Palacio de Justicia. Se realizaron también obras de saneamiento en diversas ciudades, se culminaron varias obras de irrigación iniciadas por Leguía, se construyeron barrios y comedores para los trabajadores y sus familias, se instituyó el Seguro Social Obligatorio para Obreros, entre otras obras de tipo social. Sin embargo, en el último tramo del segundo gobierno de Óscar R. Benavides se hizo notorio el hastío de la población. El 19 de febrero de 1939, mientras Benavides se hallaba en la ciudad de Pisco ocurrió la intentona golpista del general Antonio Rodríguez Ramírez, al parecer con gran apoyo de diversos sectores. Rodríguez ocupó Palacio de Gobierno y ante la tropa reunida en el patio se proclamó jefe interino de la República, anunciando una amnistía general, la convocatoria a una Asamblea Constituyente y elecciones, pero en un descuido dicho caudillo resultó muerto tras ser ametrallado por un oficial de la policía quien además era miembro de guardia civil del Perú. Enterado de la intentona golpista, Benavides regresó de Pisco por vía terrestre y llegó a Lima seguido de una caravana de automóviles, viendo pues el panorama, que le era adverso, decidió convocar a elecciones generales.

Oscar R. Benavides junto con su esposa Francisca Benavides Diez Canseco, más conocida como "Doña Paquita".

El 18 de junio de 1939 el presidente convocó a un plebiscito nacional, mediante el cual se aprobaron importantes reformas constitucionales, como la ampliación del período presidencial de 5 a 6 años, el restablecimiento de los dos vicepresidentes y la disminución de las facultades legislativas del Congreso en materia económica. Su intención era robustecer el Poder Ejecutivo en desmedro del Legislativo. Poco antes de finalizar su mandato estallo la Segunda Guerra Mundial, que tuvo repercusiones económicas a nivel global. Las elecciones presidenciales de 1939 se realizaron el 22 de octubre, el candidato del gobierno era el oligarca y acaudalado banquero Manuel Prado Ugarteche, hijo del ex presidente Mariano Ignacio Prado, quien ganó con facilidad a su contrincante, el abogado José Quesada Larrea. Se habló de fraude electoral debido a que en la elección para diputados y senadores ganaron masivamente los partidarios de Prado y Benavides y la oposición quedó reducida a solo tres diputados.[20] El 8 de diciembre de ese mismo año, Manuel Prado recibió la banda presidencial de las manos de Benavides; esto simbolizó para algunos el retorno de la democracia al Perú, mientras que para otros significó solo una alternancia en el poder entre la oligarquía y las Fuerzas Armadas. De esta manera finalizo los regímenes fascistas y el tercer militarismo y se inició el periodo conocido como las democracias endebles.[6]

Consecuencias[editar | editar código]

El palacio de gobierno en 1938.

La crisis política económica y social que aconteció durante la década de 1930 contribuyó a que emergiera el primer partido fascista en el Perú, la Unión Revolucionaria, la crisis institucional también obligo al estado a ejercer una fuerte represión contra los grupos subversivos especialmente contra el APRA y el Partido Comunista, los primeros partidos de masas ante el crecimiento de la clase media, en este contexto de crisis institucional se formo la constitución de 1933 que asumió un de carácter totalitario y conservador, debido a la necesidad del Estado de imponer orden público frente a las numerosas huelgas y a los levantamientos armados. Esta nueva constitución fue la base política, económica y social de una estructura populista, autoritaria y represiva que se prolongaría de diferentes maneras durante 47 años hasta la creación de la constitución de 1979.[6]

Referencias[editar | editar código]

  1. Jorge Basadre Grohmann. «Los Regimenes Fascistas (1930-1939)», Historia de la República del Perú.
  2. Artículo de Molinari Morales, Tirso. Los regímenes fascistas en el Perú y la Unión Revolucionaria, 1931-1936.
  3. Artículo de Juan Luis Orrego Penagos Los años 30: la crisis mundial y sus efectos en el Perú.
  4. Basadre 2005, tomo 15, p. 14.
  5. Tirso Anibal Molinari, 2006, El fascismo en el Perú: la Unión Revolucionaria 1931-1936.
  6. 6,0 6,1 6,2 6,3 6,4 6,5 6,6 6,7 Tirso Aníbal Molinari,.
  7. Basadre, 2005, tomo 15, p. 21.
  8. Artículo de Nalochiquian LA MASACRE DE MALPASO.
  9. Artículo de Juan Luis Orrego Penagos Los años 30: la Unión Revolucionaria.
  10. Tirso Anibal Molinari, 2006, El fascismo en el Perú: la Unión Revolucionaria 1931-1936.
  11. Chirinos Soto, 1985, pp. 78-79.
  12. Tirso Anibal Molinari, 2006, El fascismo en el Perú: la Unión Revolucionaria 1931-1936.
  13. Molinari, Tirso OP,cit. 2004.
  14. Basadre, 2005, tomo 15, pp. 184-185.
  15. A pesar del fallido e impactante intento de magnicidio el presidente se salva fortuitamente porque llevaba un chaleco antibalas, pero pasa varios meses en el Hospital.
  16. «La Libertad: Apristas celebran la Revolución de Trujillo de 1932». 
  17. «Haya y Los Militares - La Revolución de Trujillo de 1932». Consultado el 11 de agosto de 2012. 
  18. Tirso Anibal Molinari, 2006, El fascismo en el Perú: la Unión Revolucionaria 1931-1936.
  19. El Perú en los Tiempos Modernos, Julio R. Villanueva Sotomayor.
  20. López Martínez, 2011, p. 18.
Bibliografía


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