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Defensa de la Catedral de Buenos Aires

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La defensa de la Catedral de Buenos Aires sucedió el domingo 12 de junio de 1955, cuando grupos peronistas de la Alianza Libertadora Nacionalista intentaron quemar dicho templo, frustrándose por la llegada de trescientos militantes de la Acción Católica Argentina, más algunos miembros de UNES y democratacristianos[1] y gente sin afiliación a agrupaciones. La convocatoria estuvo orquestada por monseñor Manuel Tato.

Antecedentes[editar | editar código]

A partir de los últimos meses de 1954 se produjeron algunos hechos que mostraban un cambio en las relaciones, hasta ese momento aparentemente normales, entre la Iglesia católica y el gobierno peronista y un proceso de deterioro de las mismas que se fue agravando con el tiempo.

El 10 de noviembre en una reunión de funcionarios, gobernadores, legisladores y sindicalistas convocada en la quinta de Olivos, Perón pronunció un discurso trasmitido por cadena radial y reproducido al día siguiente por la prensa. Refirió su preocupación por "ciertas acciones que desarrollan organizaciones católicas" y aludiendo a una reunión que había mantenido con autoridades eclesiásticas el 22 de octubre afirmó que ellas se había comprometido a tomar las sanciones que correspondieran contra aquellos sacerdotes que "han dejado de cumplir con su deber de argentinos y su deber de sacerdotes", lo cual era incierto porque no habían asumido compromiso alguno.[2][3]

A partir de allí el conflicto va subiendo en intensidad: desde el peronismo, incluyendo detención de sacerdotes, y los periódicos controlados por el gobierno se emiten declaraciones y comentarios adversos al clero que eran respondidos con ataques desde algunos púlpitos y comenzaron a llenarse de opositores las iglesias donde se pronunciaban los sermones más críticos. En forma paralela a estos sucesos se multiplicaba el reparto de panfletos -algunos de los cuales llegaron a publicarse en ediciones sucesivas, como Verdad que llegó a los 9 números- con críticas al gobierno, eran una vía para sortear la férrea censura gubernamental y circulaban intensamente en parroquias y colegios católicos.[4]Algunas de las medidas legislativas como el divorcio, la supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas o el proyecto de separación de la Iglesia y el Estado podían verse simplemente como una política liberal que ya se aplicaba en otros países, sin embargo, al ser tomadas con apresuramiento sin debate público y en el contexto del conflicto, era imposible dejar de interpretarlas con una intencionalidad de atacar a la Iglesia y, por extensión, a los católicos[5]y algunos sectores católicos ya veían el objetivo de una “revolución” como la única salida del conflicto y comenzaron a tender una red de protección sobre los religiosos que aparecían en la mira del gobierno.[6]

Como se acercaba el jueves 9 de junio en que se celebraba la fiesta de Corpus Christi, la Iglesia -sin ninguna ingenuidad[7]- resolvió postergar la celebración para el sábado 11. Inmediatamente el gobierno informó al obispo Manuel Tato que las autorizaciones para hacer las procesiones habían sido concedidas para el día 9 y además emitió un comunicado en tal sentido. La noche del 10 militantes católicos concurrieron a las cines de cine céntricas, sacaban entradas y al prenderse las luces unos repartían volantes convocando a la procesión en tanto otros obstaculizaban a quienes pretendieran perseguirlos.[7]Una multitud colmó la Catedral y ocupó la Plaza de Mayo adyacente.[8] La procesión se realizó dentro del templo y al finalizar los obispos Tato y Antonio Rocca salieron al balcón de la Curia y fueron largamente ovacionados. A continuación del acto, una manifestación se encaminó por la Avenida de Mayo hacia el Congreso Nacional. Desde ella hubo pedrea contra los diarios oficialistas La Prensa, Época, Democracia y El Laborista ubicados en su camino. Al llegar al Congreso arriaron la bandera nacional y la reemplazaron por la enseña de la Ciudad del Vaticano, apedrearon el edificio, arrancaron al grito de ¡Muera Eva Perón! dos placas de bronce colocadas en el frente y ensuciaron estatuas de Sarmiento y Alberdi a los que consideraban promotores del laicismo.[9]

El mismo día 11 el gobierno acusó a los manifestantes, además de por los daños, de haber quemado una bandera argentina y se abrió una investigación judicial. Una investigación posterior en el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas obtuvo el testimonio de integrantes de la Policía Federal que imputaban del hecho a sus propios compañeros por lo cual el organismo solicitó a Perón la separación del jefe de policía y la detención del ministro del Interior Ángel Borlenghi pero al día siguiente de esa comunicación Borlenghi salió del país.[10]Ya depuesto el gobierno el propio contraalmirante Alberto Tessaire -vicepresidente al tiempo del hecho- afirmó que la acción se había ejecutado no solo con la autorización de Perón sino bajo su inspiración.[10]

Incidente del domingo 12 de junio[editar | editar código]

Los enfrentamientos[editar | editar código]

El 12 de junio aproximadamente a las 16 y 30 horas, media hora antes de la misa vespertina un grupo de unas 60 personas que arrojó volantes de la Alianza Libertadora Nacionalista se ubicó frente a la Catedral Metropolitana vivando a Perón e insultando a un número mucho mayor de militantes católicos que se encontraban en la escalinata convocados por la noticia que iba a ser atacado el edificio.[11][12]La situación se mantuvo durante una hora y media, lapso durante el cual se celebró la misa y parte de quienes estaban en el templo salieron por una puerta lateral mientras otros católicos, respondiendo a llamados telefónicos, se sumaban a los defensores que, de pronto, fueron atacados con huevos y piedras por lo que retrocedieron y se refugiaron en el interior de la catedral. Se produjo un forcejeo e intercambio de golpes entre quienes pretendían entrar a la fuerza y los que procuraban cerrar las puertas; una vez logrado esto algunas personas comenzaron a desarmar candelabros y romper bancos para improvisar armas.[11]Una de las personas que estaban en el templo era el doctor Tomás Casares, miembro de la Corte Suprema de Justicia, que llamó por teléfono a la policía y al Regimiento de Gradnaderos. Desde el exterior los manifestantes realizaron algunos disparos de armas de fuero, incendiaron un automóvil que estaba estacionado en las inmediaciones y trataron de hacer lo mismo con el edificio adyacente de la Curia, sin lograrlo. Casares intercedió con la policía para que se evitara un incendio y alrededor de las 23 horas llegó el juez de instrucción Carlos Gentile con orden de detención para todos los ocupantes, que se entregaron y fueron detenidos, con excepción de las mujeres y del Dr. Casares que estaba amparado por su fuero.[12] En los días siguientes el juez tomó declaración a los detenidos, que permnecían alojados en la carcel de Villa Devoto, y para el 15 de junio recobraron la libertad.[13]

Participantes en la ocupación[editar | editar código]

La policía contó la presencia de 434 hombres, muchos de ellos menores de edad, 65 mujeres, y 17 sacerdotes en el interior de la Catedral.[14] Algunos de los que se encontraban dentro de la Catedral fueron: Marcelo Cárdenas,[15]Gastón María Bordelois,[16] Isidoro Lafuente Ansó, ingeniero Pérez Cobo,[17] Agustín Vargas,[18] Humberto Podetti, el jujeño Carrillo,[19] Pin Errecaborde,[20] Augusto Rodríguez Larreta,[21] Edgardo García Puló,[22] Gastón Mario Bordelois,[23] "más de setenta menores",,[24] Doctor Eduardo Tedín,[25] Ledesma, Héctor Manuel Giorgiutti,[26] Juan Carlos Arias Divito,[27] Santiago de Estrada,[28] Lucioni, Arias, doctores Cruz y García Díaz, Oscar Giorgiutti,[28] James G. Drysdale,[29] Enrique Cassagne, Carlos Alberto Velazco Suárez,[30] Cosme Beccar Varela,[31]Carlos Burundarena.[32]

Repercusiones[editar | editar código]

Los periódicos de la época refirieron enfrentamientos entre grupos “clericales” y peronistas a golpes de puño, además de algunos disparos y destrozos en monumentos pero no hicieron mención alguna de una invasión a la Catedral al día siguiente.[33]El diario católico El Pueblo, que fue el único que publicó fotografías del acto del sábado 11 fue detenido al día siguiente y el periódico intervenido.[34] En el Congreso Nacional hubo discursos de legisladores peronistas calificando a los opositores de conspiradores antipatrióticos internacionales –aludiendo al carácter universal de la Iglesia- y se convocaron grandes movilizaciones apoyando al gobierno y exhibiendo pancartas que decían “Perón sí, curas no”. Se anunció que en desagravio a la bandera habría el día 16 de junio vuelos de aviones militares sobre la Catedral. [9]

Véase también[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

  1. Daniel Gutman (2012). Tacuara. Sudamericana. p. 432. : Los pocos miembros remanentes de UNES se sumaron a la defensa.
  2. Luna, Félix. Perón y su tiempo. III. El régimen exhausto pág. 207 Buenos Aires 1986 Editorial Sudamericana ISBN 950-07-0381-5.
  3. Frigerio, José Oscar. Perón y la Iglesia. Historia de un conflicto inútil pág. 35 publicado en el nº 210 de octubre de 1984 de la revista Todo es Historia de Buenos Aires
  4. Spinelli, María Estela (2005). Los vencedores vencidos. Buenos Aires: Editorial Biblos. p. 31. ISBN 950-786-494-6. 
  5. Luna, Félix t.III pág. 266
  6. Spinelli, p. 33.
  7. 7,0 7,1 Mercado, Silvia D. (2014). El inventor del peronismo. Buenos Aires: Espejo de América – Planeta. p. 265. ISBN 978-950-49-3161-4. 
  8. Algunas fuentes hablan de 200000 personas presentes, Arnaudo op.cit.p.102, que estuvo presente, y Martínez op.cit. p.214 estiman que no pasaban de 100000 y Mercado op.cit.p.267 razona que, incluyendo las diagonales, en la Plaza de Mayo no entran más de 70000 personas
  9. 9,0 9,1 Spinelli, p.35.
  10. 10,0 10,1 Gambini, Hugo (2001). Historia del peronismo vol. II. Buenos Aires: Editorial Planeta Argentina S.A. p. 261. ISBN 950-49-0784-9. 
  11. 11,0 11,1 Arnaudo, Florencio José (1995). El año en que quemaron las iglesias. Buenos Aires: Editorial Pleamar. pp. 110-116. ISBN 950-583-069-6. 
  12. 12,0 12,1 Martínez, Pedro Santos (1976). La Nueva Argentina 1946-1955 2 (1* edición). Buenos Aires: Editorial Astrea. pp. 215-216. 
  13. Arnaudo 134
  14. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 126
  15. Arnaudo 103
  16. Arnaudo 123
  17. Arnaudo 104,
  18. Arnaudo 110,
  19. Arnaudo 111
  20. Arnaudo 113
  21. Arnaudo 115
  22. Arnaudo 117
  23. Arnaudo 120
  24. Arnaudo 122
  25. Arnaudo 123
  26. Arnaudo 125
  27. Arnaudo 126
  28. 28,0 28,1 Arnaudo 128
  29. Arnaudo 129
  30. Testimonio de Cassagne en La Nación
  31. Testimonio de Beccar Varela en La Botella al Mar
  32. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 365.
  33. Spinelli, p.34.
  34. Mercado, p.267.


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